Homeschooling: una forma de vida (Entrevista a Emma Achim y I.T.)
Decidir cómo educar a nuestros hijos es, probablemente, una de las decisiones más profundas y trascendentales que tomamos como padres. Para Emma Achim y I.T., dos madres jovenes, el homeschooling no fue una elección impulsiva ni una huida del sistema tradicional, sino una decisión meditada, tomada en equipo junto a sus esposos, y profundamente alineada con los valores que desean transmitir a sus hijos.
Aun así, reconocen que el camino no ha estado exento de críticas. “He escuchado de todo”, comenta. Dudas, juicios, opiniones no solicitadas… especialmente cuando se es joven y se desafían modelos educativos ampliamente aceptados. Sin embargo, lejos de desanimarla, estas críticas han reforzado su convicción. Cada una de ellas han aprendido que muchas veces es mejor no compartir con todo el mundo sus convicciones, pero aun así llevaras a cabo con mucha convicción.
Más que una alternativa educativa
Para ellas, el homeschooling no es simplemente cambiar un aula por el hogar. Es una manera distinta de mirar la educación y, sobre todo, la infancia. “No se hace homeschooling solo durante unas horas al día”, explica, “se vive”. Hablando con ellas, he podido entender, que el homeschooling es parte de sus vidas y que lo hacen de forma oficial, pero también no oficial, lo cual conlleva una mucho mayor parte de la enseñanza.
Se aprende cuando se pasea por la calle y se buscan letras en los carteles, cuando se fomenta la curiosidad en una conversación espontánea, cuando se lee juntos sin prisas. Cada experiencia cotidiana se convierte en una oportunidad de aprendizaje. No hay timbres, pero sí tiempo. No hay exámenes constantes, pero sí observación y acompañamiento.
Educar sin intermediarios
Uno de los pilares de esta decisión es la posibilidad de transmitir valores de manera directa, sin intermediarios. Valores como el respeto, la empatía, el pensamiento crítico o el amor por el aprendizaje no se enseñan solo con palabras, sino con presencia y coherencia. También es el estilo de vida perfecto para poder transmitir los valores que provienen de creencias religiosas o para poder llevar un estilo de vida según convicciones.
“Nosotros somos los primeros referentes de nuestros hijos”, afirma. Y en ese rol, la educación no se delega: se comparte, se construye y se vive en familia.
Conocer profundamente a cada hijo
El homeschooling le ha permitido algo que considera invaluable: conocer a cada uno de sus hijos en profundidad. Saber quién es más sensible, quién necesita más movimiento, quién se expresa mejor con palabras o quién encuentra su lenguaje en el arte.
Esta cercanía facilita adaptar el aprendizaje a la personalidad de cada niño, respetando sus ritmos y potenciando sus talentos, sin comparaciones ni etiquetas.
Emma, me decía que ella cree profundamente que los niños deben estar con sus padres al menos en las edades más tempranas, y poder conectar con ellos. Pero la sociedad nos venden que tenemos que tener un estilo de vida super acomodado, donde se realicen viajes al extranjero, se cene fuera una o dos veces en semana, cambiemos de ropa cada dos por tres, y otros aspectos que están dentro del consumo excesivo de esta sociedad moderna. La realidad es que se puede tener un estilo de vida más modesto y de esta forma poder criar y educar a tus hijos tal y como uno desea.
Esto me hace pensar en un dicho que hay Rumanía que dice que cuando una persona es maleducada, "no tiene los siete años de casa". Esto hace referencia al modelo antiguo de educación que había antiguamente en Rumanía, donde los niños y niñas empezaban a ir al colegio a los siete años, y hasta ese momento, permanecían en el hogar, donde recibían la educación básica en valores, modales y otros aspectos.
Por ello, que la educación de los hijos e hijas permanezca en el hogar no es una idea totalmente descabellada. Emma a recibido muchas criticas al respecto, mucho más debido a que es una madre joven, pero aun así, sigue adelante con su decisión.
Protección y socialización consciente
Otro aspecto importante es la protección emocional. Evitar situaciones como el bullying no significa aislar, sino crear entornos seguros desde los que los niños puedan crecer con confianza. La socialización, según nos explican ellas, no desaparece: se transforma.
Existen otros espacios, otras formas de relacionarse, más diversas y enriquecedoras, donde los niños interactúan con personas de distintas edades, desarrollando habilidades sociales reales y profundas.
I.T. me comentaba que en su ciudad hay otras familias que han decidido realizar homeschooling con sus hijos, y que han creado una pequeña comunidad en la que comparten experiencias y con las que comparten tiempo y socializan, ya sea en el parque o haciendo excursiones.
También ella me decía que, muchas veces, cuando sale con sus hijos al parque por las mañanas, cuando los demás niños están en la escuela, muchas veces le preguntan que por que no están los hijos en el colegio, y se siente juzgada cuando explica las razones.
Una elección que invita a reflexionar
El homeschooling no es el único camino ni pretende serlo. No es una fórmula mágica ni una decisión sencilla. Requiere compromiso, presencia y mucha implicación. Pero para estas familias, es una forma de vida coherente con lo que creen y lo que desean para sus hijos.
Tal vez la pregunta no sea si el homeschooling es mejor o peor que otros modelos, sino si nos estamos permitiendo cuestionar, reflexionar y elegir conscientemente cómo queremos acompañar el crecimiento de nuestros hijos.
Porque educar, al final, siempre es un acto de amor… y también de valentía.



Me ha gustado cómo presentas el homeschooling no solo como una alternativa educativa, sino como una forma de vida coherente con valores y decisiones familiares. La entrevista aporta una perspectiva personal y reflexiva, mostrando que esta opción implica compromiso, presencia y adaptación del aprendizaje a cada momento cotidiano, lo que enriquece la comprensión del lector sobre esta modalidad más allá de lo académico.
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