COMUNIDAD DE CREYENTES: aprendices y maestros

    



    Iván Illich, en obras como La sociedad desescolarizada, propuso un modelo de aprendizaje y vida social centrado en la convivencia humana, la libertad y la participación activa. Para él, las instituciones modernas —especialmente la escuela— habían secuestrado la posibilidad de aprender de manera natural y comunitaria. En respuesta, defendía la creación de comunidades de práctica, espacios donde las personas comparten experiencias, conocimientos y habilidades sin mediaciones jerárquicas o burocráticas. En estas comunidades, el aprendizaje no es impuesto, sino que brota del encuentro humano auténtico y del deseo de vivir juntos de forma significativa.

Si trasladamos esta visión al ámbito espiritual, encontramos puntos de convergencia con la iglesia evangélica entendida no como una institución rígida, sino como una comunidad viva de creyentes. La Biblia presenta la iglesia como el cuerpo de Cristo, en el cual cada miembro cumple una función esencial para el bien común:

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” (Romanos 12:4-5)

Desde esta perspectiva, la iglesia no es un espacio donde unos enseñan y otros solo aprenden, sino un organismo relacional, donde todos contribuyen al crecimiento mutuo. Esto refleja un aprendizaje horizontal y cooperativo, donde el conocimiento y la fe se transmiten a través de la práctica compartida: orar juntos, servir al prójimo, enseñar, aprender, escuchar, acompañar, entre otras muchas facetas más.

 "Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría..." (Colosenses 3:16)

En las comunidades evangélicas que priorizan la participación activa de sus miembros —por ejemplo, los grupos pequeños de estudio bíblico, las células o los ministerios de servicio— se puede observar un modelo convivencial cercano al que Illich proponía. En estos espacios, el creyente aprende no tanto por instrucción formal, sino por vivir la fe en comunidad, ejerciendo sus dones y aprendiendo del testimonio de otros. En la compañía de otros creyentes se comparten luchas, admiraciones y aprendizajes de forma común, lo que ayuda a poder vivir la fe en acompañamiento. Cada uno es parte de un todo común:

“Y él mismo (Dios) constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.” (Efesios 4:11-12)

Sin embargo, existen diferencias significativas. Illich buscaba liberar la sociedad de cualquier forma de institucionalización coercitiva, mientras que la iglesia, aunque comunitaria, mantiene una estructura de liderazgo y una doctrina que orienta la vida espiritual. No obstante, cuando esa estructura se pone al servicio del crecimiento de todos y no del control, la iglesia se convierte en una verdadera comunidad convivencial del Espíritu. De esta forma, cada uno de los miembros de la comunidad de creyentes está al servicio de los demás, y como decía Jesús en dos ocasiones diferentes:

"El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, será servidor de todos" (Marcos 10:43-45)

"Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros" (Juan 13:14-15)

En síntesis, la comunidad de práctica de Illich encuentra en la iglesia evangélica un espacio donde su ideal puede hacerse realidad, siempre que la iglesia funcione como un cuerpo vivo y participativo, no como una institución cerrada. Cuando los creyentes se reconocen maestros y aprendices unos de otros, y cuando el amor —más que la jerarquía— guía la vida común, entonces la comunidad cristiana encarna la visión de Illich: una sociedad convivencial donde aprender y vivir son actos de libertad y de fe compartida.

"Porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor" (Gálatas 5:13)




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